Uff, qué cansado estoy, acabo de atracar en puerto y no está mal lo que veo. Me apetece descansar, mis posaderas mandan y, miren ustedes, pasaré unos días por aquí, tal vez más, sabe Dios. Buen vino, un catre firme, una ventana y mi bolígrafo -vale, venga, mi teclado-, no necesito más. Veamos lo que aprovecho por estos pagos. Mientras tanto, calmo y sin prisas -adoro, la lentitud desde que leí la novela del mismo nombre de Milan kundera- ordeno y amueblo el paisaje que ustedes van a contemplar si se asoman a esta, desde hoy, mi ventana. En despedida, sin mover el brazo como he observado que hacen los de la casa real, meneo con garbo y en alto mi mano izquierda saludándoles. Tengan paciencia conmigo...
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SILLA SOBRE ALFOMBRA RAÍDA Y PELOTA
Si no te lo quieres creer no te lo creas. Tal vez esa sea la grandeza. Esta es una obra de arte que contemplé extasiado -también perplejo- en el museo de arte contemporáneo de Barcelona. Anda, anda, reflexiona...


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